Energia con poder: Cómo se comportan los agujeros negros, horizonte de eventos
Siendo el universo una compleja incógnita para la mente
humana, es necesario para dicha especie, lograr entender cada característica y
cada ente que alberga el inefable espacio. Para dicho proceso se recurre a la
ciencia, y con esta misma, se generan dos herramientas vitales para poder
comprender, en gran medida, lo macro y lo micro en el universo: La teoría de la
relatividad y la mecánica cuántica. Aunque los hoyos negros ya habían
sido objeto de estudio en épocas remotas como la edad media, fue en el siglo XX
donde tuvo un auge en cuanto a un enfoque específicamente dedicado a su estudio
y análisis; tanto así, que la terminología “hoyo negro” se implemento
por primera vez en una conferencia del físico John Wheeler.
Ingenuamente, la ciencia ficción de medios comunicativos y
artísticos, ha añadido un valor sobrenatural y algunos otros aspectos inciertos
a nuestra visión de lo que sería un hoyo negro. Pero teniendo en cuenta
la manera en que se comportan estos en relación a la energía (como se va a
describir a posteriormente) la ficción parecerá filtrarse en aquellas
instancias.
Un hoyo negro es el resultado de
energía originaria de una estrella en sus últimos instantes de vida. En la
hechura final de un hoyo negro, la energía aún es un factor determinante para
comprender la vitalidad de su existencia. Es su fuerza gravitacional lo
que genera una atracción de lo que esta fuera este y dicha fuerza posee una
velocidad, incluso, superior a la de la luz (299.792 km por segundo) lo que
valdría la pena considerar para hacerse una idea de su capacidad en lo que se
refiere a fuerza gravitacional.
En su forma o composición física, los hoyos negros poseen
algo denominado “horizonte de eventos”. Se trata de una línea fronteriza entre
la parte externa e interna de un hoyo negro, podría asemejarse o simular a una
boca.
Albert Einstein descartaba la posibilidad de que existiese
una energía o fuerza superior a la electromagnética y la nuclear, que fuese
capaz de ahogar todo lo que sería una estrella y reducirla a su simple núcleo;
e incluso, la existencia de los hoyos negros para el gran personaje
de la física moderna, era simplemente nula.
En la década de los 60 del siglo XX, los científicos
descubrieron que, en la gran mayoría de galaxias, existe un espacio o cumulo de
estrellas y gases, donde en su centro, habita un hoyo negro en cada uno de
estos cúmulos. En el caso de nuestra vía láctea, el hoyo negro que describe
el centro de esta, alcanza un peso 4.3 millones de veces que el del sol, y el
de la galaxia Andrómeda tiene un registro de 100 millones de soles en peso, y
aún existen otros hoyos negros con cantidades mayormente desorbitantes respecto
a su masa. Esta cantidad de masa no ha estado presente desde el inicio de su
creación, los hoyos negros la fueron adquiriendo con todo lo que absorbían en
su diario vivir.
El nombre del hoyo negro que se aloja en nuestra
galaxia se llama sagitario A (SGR A en su forma abreviada) y a comparación de
otros hoyos negros existentes en otras galaxias, este se comporta de una manera
muy pacífica. Otras galaxias poseen colosos que destruyen cuerpos a su
alrededor como estrellas y planetas, dichos colosos son denominados quásares.
A SGR lo orbita una considerable cantidad de polvo espacial y
gas; estos elementos, al estar a una distancia cerca del hoyo negro, generan una
fricción en su contacto y posteriormente radiación junto con calor. El 90% de
esta materia no traspasa el horizonte de eventos del hoyo negro, lo que sucede
en su lugar es que el hoyo negro la expulsa automáticamente en una especie de
chorro y seguido, se produce algo fenomenalmente natural y vivo ejemplo de la
vida y la muerte, aquella materia de la que se despoja el hoyo negro cruza
distancias tan extensas que pueden salir de toda una galaxia, y una vez se
encuentren en un espacio “x” del universo, esta materia se enfría y se mezcla
formando lo que nuevamente será una estrella.




